Hoy he vuelto pero mi nombre ha cambiado. Ahora soy Hiraiel
Tarath quien viene de las penumbras a la misma oscuridad jornada tras jornada.
Desperté con la amargura que llena los adentros de
corrientes sin fin, erosión en mi cabeza y taquicardia ansiosa que dicta a mi
cabeza un pensamiento:
“¿Para qué negar y esforzar una ceguera ante lo que día y
noche se hace tan evidente y que se convierte en verdad? La falsedad aparece
ante mis ojos y me hiere, me lastima y las ansias de vivir desaparecen ante el
gran teatro de las almas que expectantes arriban una a una para observar la
función de mis tristezas. Todos en este presente austero ven como se me dio la
espalda cuando di mi mano y mi rostro gentilmente, así mismo como se me requirió
cuando lleno de tristeza me volví para negar mi mirada y poder refugiarme en la
gruta de las oscuras penas reflexivas del corazón hambriento de llanto. Lloré y
mi llanto no fue escuchado, motivo de humillación y burla fueron mis lagrimas.
Hoy, deseo con todas las fuerzas jamás depender de un alma
humillante, de una mentira conveniente, de un gesto interesado o de un cariño a
destiempo. Odio y melancolía aparecen hoy cuando los universos de los demás son
más grandes por sus afanes, por sus ires y venires, haciendo de mi mundo algo
pequeño e insignificantemente sin importancia”
Soy Hiraiel Tarath, el ser que vaga bajo luz tenue que en
cualquier momento tan grandes sombras apagarán el día indicado. Hoy estoy aquí,
mañana tal vez no.