Liset tar oss, Burzum.
¿Por qué mis fanales
nunca han vislumbrado el cadáver de un colibrí?
G.A. Maglioni. Pensamientos,
2013.
Recuerdo que cuando mi pensamiento me llevaba a la laguna
multicolor de mis adentros, mi mente me contaba los secretos de aquel
firmamento olvidado por los amados del dios sin nombre. Yo, antigua animadversión
hecha carne, descubrí la desnudez de los hijos de Elohim y advertí que mi sabiduría
era insignificante. Aprendí la erudición encadenada al uso del cosmos y bebí del
arco iris que caía de la luna. Sus gotas eran dulces a mi paladar, empero
amargas a mi vientre. Ellas quitaron el velo de mis fanales y comprendí la
vileza y la magnanimidad que habitaban mi corazón.
Hecho esto, corrí hacia ti, te encontré. Habitabas las
cavernas del averno, primoroso calor mefistofélico te abrigaba. Te supliqué, te
lloré pero tus ojos cerrados y cocidos por hilos de acero me desdeñaron, tus oídos
colmados de silencio me desecharon. En la consumación, tus fauces esputaron
maldad sobre mi ser. Con odio e indiferencia me has sentido.
Salí de tu morada lamentando en gran manera el día en que
emergí de Gea. Salí al encuentro del docto Angra Mainyu y le clamé así:
-
- ¡Oh hontanar de la maldad, acuérdate de mí en el
día de mi aflicción! Imploro que recuerdes mis tristezas pues servidor tuyo
soy. Olvida la muerte de Ahura Mazda, pues el Altísimo profirió ordenanzas
sobre el precio de su existencia. Ayúdame pues a encontrar el antídoto para
este padecimiento y ofrenda perenne a ti daré.
Aquel demonio, sabio y mentiroso puso su mirada sobre mí y con
sonrisa de pureza, respondió:
-
-Vosotros los mortales ignoráis vuestro gran
poder. Al verte a ti veo la mirada, el poder y la bondad de El-Shaddai, pues ¿no
somos todos uno y uno es todo?
- -- Yo soy el que soy, respondí.
Angra Mainyu continúo:
-
-Ciertamente, pero tus limites han sido definidos de manera codiciosa. Solo has visto tu reflejo en el pequeño lago de tu ser y aunque
es cristalino, al beberlo es también veneno para tu alma. No olvides ver lo
grande en lo pequeño. Recuerda que estas en todo, tu eres el omnipresente y
habitas moradas sin fin, nadando en mareas cósmicas que besan y lamen las
costas estelares. Entonces ¿Por qué has de sufrir por lo acontecido en las
cavernas habitadas por Apolión? Los cadáveres son todos iguales, existen y no están,
como aquella pequeña partícula en medio del polvo estelar, la puedes ver pero
no sabes realmente en donde está. Tus sentidos alteran la realidad o es que
¿has visto alguna vez el cadáver de un colibrí? O ¿has llorado la muerte de un
insecto?
Lloré la verdad y comprendí los
sigilos que me fueron confiados. Y desde aquel día comprendí que algunos cadáveres
son tan solo más evidentes.