martes, 19 de agosto de 2014

For her (para ella)


Para ti mi amada, mi amiga, mi compañera, mi confidente, mi aliada, mi cómplice...y lo más importante mi mujer, la mujer de mi vida.

El arcángel Mijail, cuyo nombre significa “¿Quién como Dios?”, realizaba un gran periplo por los rincones más lejanos en donde habitan los seres vivientes jamás vistos por los ojos de un mortal. Este era uno de esos viajes de rutina en los que Mijail aprendía y comprendía secretos inimaginables, epifanías traslucidas que llenaban su interior de sabiduría que en pocas ocasiones los mortales lograban comprender. Ahora el arcángel era mortal, sin embargo sus habilidades le acompañaban hasta el día en que falleciera.
Regresó Miguel a la tierra a ver su amada Spes, anhelaba tanto su calor y sus fragancias tan penetrantes, esas caricias que arrebataron su virginidad angelical y todos los sonidos articulados por aquel ser que le hizo sentir tantas inexplicables sensaciones en sus entrañas. Al llegar a sus aposentos la ausencia de la fémina llenaba aquel lugar. Su corazón se angustio y salió a buscarla.
Su corazón le llevó a un lugar tan oscuro como el ébano, sitio de grandes y violentas batallas, la tristeza era la reina del lugar y el dolor su compañero de trono. En el centro de aquel lugar de penumbras, similar a un desierto negro, se hallaba un abismo infinito llamado “El abismo de die Verzweiflung” Al acercarse a tan tenebroso sitio él pudo sentir el dolor en su corazón y las lágrimas comenzaron a brotar de sus fanales. ¡Qué difícil era entrar ahí para él! El reino de los cielos, el trono de Elohim y el jardín del Edén eran tan distintos a aquel nefasto lugar. Su corazón no comprendía lo que veía ni lo que su alma percibía, era un total ignorante. Avanzó entonces en medio de la penumbra para llegar al límite del suelo y el abismo, su pie derecho sintió el último tramo de suelo firme y entonces se detuvo y se inclinó hacia adelante para divisar el profundo vacío que se dibujaba dentro del hoyo sin fin. Segundos después sintió el aroma de su mujer y fue allí cuando logro ver a una hermosa Spes atrapada en medio de la oscuridad. El dolor, la angustia y la desesperación se proyectaban a través de su rostro, lo cual fue frustrante para el joven varón. No obstante, aun sin saber cómo la sacaría de aquella prisión dijo:
-          No desfallezcas, he aquí he venido a sacarte de este suplicio.
Ella respondió:
-          No sabes el dolor que me causa estar aquí, ni todos los astros visitados por tu espíritu te han podido enseñar este sufrimiento. Apúrate o moriré.
Miguel sabía que sus habilidades angelicales eran limitadas en el planeta azul pero su decisión fue tal, que se lanzó al abismo sin importar nada excepto la vida de su amada. A su corazón, su propia vida al lado de la de su mujer no valía nada pues su vida era que ella estuviera bien. Cayendo en el precipicio pensó:
-          Aquí voy, si he de morir hoy que sea para darte la vida. Espero que mi patética vida sea un sacrificio suficiente para redimirla y salvar tu preciosa alma. Te amo, amor de mis días.
Al estar cerca de ella, Miguel alcanzó a tomar de manera violenta el delicado y hermoso pie derecho de Spes. Inmediatamente, comenzaron a flotar con dirección al firmamento. Las cadenas que aprisionaban a la preciosa mujer se rompieron, Miguel trepó el cuerpo de la fémina para quedar a su altura mientras los dos ascendían. La miró a los ojos, lleno de esperanza y amor por ella, jamás había sido tan feliz como en aquel instante. ¡Oh que hermosos eran sus ojos! Aquellos ojos cafés llenos de un brillo indescriptible le llenaban su alma, le contaban secretos que ni el más grande de los dioses llego a decirle. Él sabía que donde ella estuviera ahí estaba su hogar.

Los dos sobrepasaron las oscuras nubes de aquel desierto tenebroso y llegaron a estar por encima de la oscuridad. Era un hermoso atardecer el que ahora sus ojos veían, las nubes repartidas por todo el firmamento y la ardiente luz del astro mayor describían un mundo surreal, parecido a los de los planetas visitados por Miguel, sin embargo jamás había sido tan hermoso pues ella estaba ahí. Miguel tomó una de las manos de Spes y con su mano derecha tomo el divino rostro de su amada y le dijo:
-          Ninguna tormenta por más grande que sea dura para siempre. He visto las más grandes en lugares del universo que no puedes ni imaginar y todas llegan siempre a un fin. Jamás estuve dentro de ellas pero algo te puedo asegurar: no fueron eternas, todas terminaron y la calma y la paz que dio a luz su fin siempre lleno mi corazón de alegría. Te amo mujer mía.


Era un hermoso día para ser feliz. Ese día los dos se unieron, se convirtieron en un solo ser y Miguel estaba más seguro de que su vida era PARA ELLA.

domingo, 29 de junio de 2014

Seres de luz



“Te contaría mis secretos pero los buitres vuelan encima de nosotros ahora. El tiempo es apremiante, somos víctimas de nuestra lengua y de los procederes que, de manera casi inconsciente, permean nuestro diario vivir. Los látigos que castigan el alma han desaparecido y el nuevo amanecer resplandece ante nuestros ojos. Es solo cuestión de creer que un nuevo día transcurre. La fe no puede ser hallada en el porvenir, ella se revela en el presente y nos convence en un futuro que pronto será realidad y no imaginación difusa.

Sentado a la vera de una substancia esencial vives epifanías a veces carentes de significancia en la posteridad. No obstante, la magnanimidad te abraza y la entregas en mis manos, deséala pues es buena; el espíritu magnánimo encuentra las llaves que te darán acceso a la libertad.

Accede a la viña, encontrarás toda suerte de formas, olores y gustos que a tu entendimiento serán como manjar arcano, inacabable. Pero no te excedas, el capataz te ha dejado entrar, sin embargo tu salida puede llegar a ser imposible. Reflexiona sobre lo que los frutos te ofrecen, critica la antigua senda, no aceptes el regalo del gendarme. Fuego caerá sobre tu cabeza”

El viajero Aiwass se quedó en silencio. Después de escuchar lo que tenía que decirme recosté mi cabeza y mis espaldas sobre una gran roca negra, de la que salían insectos del desierto de tanto en tanto. Con el potente sol sobre mi rostro medité en aquellas palabras y noté que las ideas entraban a mis orificios nasales con un aroma dulzón similar al del cobre en quema. Una fuerza reparadora recorrió mis huesos, la esperanza que habita los aires colmó mi ser y una voz de ángel me dijo: “Ciertamente eres un ser de luz, proyecta ese gozo que encontraste en la viña”


Desde ese momento fui libre.

sábado, 7 de junio de 2014

Metamorfosis



Para mi diosa. 

"Que bueno ha sido encontrarte en este sendero. Que hermoso es recorrer el camino junto a ti"

"Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan"

Y fueron sus poros testigos de este desasosiego. Cumbre árida colmada de rocas hirientes a mi alma. Trampas mortales establecidas por mi propio intelecto. Bajé la colina en forma de espectro para encontrarme con el capullo, lamer la crisálida y beber aquel fluido esperanzador de las ánimas de la concupiscencia. Espeso magma, que transita la avenida principal de las agallas de la casa de Piscis, posee este templo profanado y llévame a ser la mariposa que ella quiere que yo sea. No apuñales al mendigo pues él sabe lo que son los banquetes y la ostentación, pero su ruina será la recompensa intangible en el Apolion circundante.
Mareas de terciopelo suben a las costas epidérmicas para lograr lamer mis pestañas. Comprendo el enigma que me fue revelado, pero su utilidad nula a mi entendimiento es. Jeroglíficos ininteligibles orbitan mis cabellos, rozan mis neuronas y penetran mis pupilas. Retroalimentación cristalina me ilustra de manera ortodoxa su sinnúmero de depravaciones, deseo poseerlas, hacerlas mías en inmaculado pecado pues la hora ha llegado.
Sonata de los despertares, lucero de la mañana, aguijón carmesí, caíste cual triboluminiscencia en lo negro del firmamento. Despiértame a la hora acordada y ayúdame a ponerme sobre mis pies pues un largo sueño habrá concluido. Estas en todo lo que produzco y destrozo, no me culpes si de la peña brota sangre y miel simultáneamente porque ahora es menester tu calor para empacar eones en aquella valija. Seca el fluido de mis ojos, bébelo si lo deseas pero no calmes este pecho que ha preparado el trono para que nos sentemos ad portas del advenimiento sideral.
Que se abra el telón, saludemos a la indiscutible masa, maldigamos sus vidas, hagamos venia proscrita y emprendamos el viaje pues el camino es bueno. 

viernes, 30 de mayo de 2014

Rocío nocturno en Do menor (Tränental der Seele)

De aquella gruta añorada emanan ondas represivas que acallan los vastos mares reflectores de luz multicolor. Las representaciones y expresiones fluyen por canales basales dotados de toda clase de dones y en cuyo seno reposan bestias arcanas, aún sin clasificar.

Sale el sol pero no alumbra el sendero, la habitación queda vacía. La tarde ilumina el camino, no obstante el antiguo espectro aparece abruptamente a manera de un inmenso y nefasto muro. Caminante inútil, insuficiente, poco hombre, no clasifica, no es deseado, no puede, no sabe.
Llega la oscuridad de la noche, el cielo y los engendros primarios yacen calmos cuando se escuchan sus diáfanos mantras, ascendentes a través del altar del templo como humo de incienso purificador. Esa calma exasperante no permite al órgano ecuatorial detenerse en aquel vacío. Hacia el norte marchan ejércitos y galopan equinos invisibles de sangre fría, pero en el sur el desierto intenta florecer, no hay suficiente líquido plateado.

El faraón llega al límite del acantilado. El horizonte se encuentra nebuloso y las cuatro estaciones ocurren en segundos. Sus ojos son testigos, algunas escenas son placenteras a su espíritu, otras le antojan correr. El desea lanzarse pero la luna y las estrellas le llaman a gritos.

Oídos que no escuchan aquella lanza en mi costado, la crucifixión se ha consumado, puedo bajar de la cruz cientos de veces, ver las heridas, sonreirle a mi verdugo y suplicarle reciprocidad, aún si el precio es subir de nuevo hasta que la sangre sea el agua que rocíe de noche el valle de lágrimas del alma. El cielo se pone en silencio y oscurece. Todavía espero.

martes, 20 de mayo de 2014

Coccoon

I

Rompiste los grilletes y volviste tu rostro a mí. La espera fue un presente inesperado. Hoy puedo inteligir lo ininteligible, saborear los sonidos de tu presencia, ver tu alma vibrar al imponer mis manos sobre tu entendimiento, lamer y degustar tu espíritu, devolvernos en un frenesí púrpura ¡Oh mujer de espíritu y fuerza de tigre! ¿Qué he hecho para merecer estos honores celestiales? Pues tu regazo es fuente de vida, los sonidos de tu ser melodía que embriaga y tu aroma narcótico que alivia. No sea yo un necio que permite que los laberintos sombríos hagan extraviar nuestras razones. Enterremos entonces, a la mañana siguiente, aquellos occisos que encontramos y profanamos con un luchar de voces cuya morada se encuentra en las cimas más lejanas. Bajemos sin prisa y si lo deseas, enseñame a dar pasos firmes sobre el lodo movedizo de la desesperación y las ansias que nacen la ausencia. Desgarrame, quiebra cada hueso, has renacer mis células y reconstruye los tejidos, bautizame pues soy nueva criatura. Quiero gritar mi renacer.

II

Nazco de nuevo, tu música transforma mis colores, las formas baten sus alas a tu alrededor, puedo ver las estrellas viajando a velocidades inconmensurables a través de tu rostro. Tu sonrisa puede contarme relatos que sólo mis oídos logran escuchar, entonces decido comparar la forma en que el viento acaricia y excita las figuras femeninas de los arboles con tu sola presencia, me maravilló y mi mente se nubla. No sé que decir. Te invito a pasar y pruebas los manjares asimétricos que pululan en los campos nocturnos. Terrenos vírgenes eran a nuestras ventanas pero hoy las páginas de tu libro he comenzado a recorrer, la historia se desarrolla y nos podemos leer. Asentiste a mi insinuación y así parimos la perfección.

III

Yacen los amantes sobre el prado de Eros pero el no fue invitado o tal vez no le fue posible acercarse a nuestra verá. Tomamos el barco con destino a terrenos fértiles inundados por la magra psicodelia. El ojo que viste, nunca dejó caer su párpado. Descubriste misterios, ellos te fueron revelados y diste la talla. Nos unimos, nos fusionamos de forma etérea, por lo tanto la frontera que nos define y diferencia es diáfana y nuestras almas cristalizadas duermen en un capullo que tal vez algún día eclosione y llame a este mundo al ser cuyas alas batirá con el bombeo de tu sangre y la mía. Ya no veo ningún cadáver, todos los enterramos juntos. Ahora mis ojos están en ti, son tus ojos. Mi otro yo.

viernes, 9 de mayo de 2014

Sofferenza, incertezza, attesa.



Caía una copiosa lluvia sobre el valle de los muertos y Miguel se hallaba luchando, entregando todas sus fuerzas contra huestes infinitas de demonios, pues su diosa se encontraba encadenada en las angustiosas bóvedas infernales del Apolión.

La razón que usualmente guía al hombre a pensar con cordura, no podía verse en la mente del joven Miguel, su único objetivo era salvar a su mujer y tenerla de nuevo en sus brazos. Cada puño, cada patada y cada vez que enterraba su espada podía ver la imagen de Spes, la diosa de la esperanza. No soportaba la idea de tenerla lejos y mucho menos bajo tortura. Todas las fuertes heridas causadas por espadas, escudos, lanzas y golpes no dolían tanto como el sufrimiento y la angustia que crecía segundo a segundo sin saber el estado de su fémina. El horizonte reflejaba los hermosos cabellos negros, la piel blanca perlada y los ojos de ángel de una bella mujer que un día cambió su vida.

La batalla culminó 100 años después de su inicio y las energías del joven solo alcanzaban para caminar el pequeño trayecto hacia la prisión, liberar a su amor, tenerla entre sus brazos y tal vez huir. Se dirigió a paso lento, cojeando y tomando con su mano media lanza clavada en su costado derecho, la sangre abundaba. Se hallaba en un lugar tormentoso, se olía el azufre y se podían oír los lamentos de los presos, en su mayoría inocentes, rogando por su salvación y pronto descanso. Sin embargo, no llegaban a sus oídos los gritos o el llanto de Spes. Entró en desesperación y milagrosamente corrió en busca de ella armado de valor. Finalmente la encontró.

Era una gruta enorme, en la pared del fondo se hallaba una hermosa mujer encadenada, cada eslabón se asemejaba a un gran toro, además con su mismo peso, parecía imposible pero Miguel creía fervientemente que el amor verdadero todo lo puede.
Spes no habló al verlo, su semblante era el de una persona seria, pensativa, amarga, sin indicios de emoción o cariño ante la aparición del héroe de mil batallas que venía a manera de salvador.

-          ¿Qué haces aquí? Preguntó ella – No te pedí que vinieras, tu presencia no es necesaria.

-          Pero yo… -

El joven tartamudeo a causa de la amarga sorpresa de aquel terrible momento. No podía hablar y su rostro expresaba un dolor tan oscuro y grande como aquella prisión.

Ella continuó:
-Sé que has asesinado y luchado en mi nombre, entregándolo todo en el campo de batalla. Que tus energías ahora son nulas y que tu más grande anhelo es mi bienestar. No obstante, yo no te pedí salvarme, tu ayuda no ha sido requerida. Ahora pues, vuélvete hacía el camino que ya has recorrido, camina sobre él y tal vez algún día volvamos a vernos. Yo sola podré salir de aquí ¡Largo!

Lleno de frustración y sintiéndose inútil dijo Miguel:
-          Ven conmigo amor de mis días, felicidad de mis noches. Regocijémonos pues tu hombre ha venido a rescatarte.

Ella permaneció en silencio.

Entonces él se puso sobre sus rodillas y suplicó a Spes que no escogiera el sufrimiento de aquella morada infernal, que escogiera el cariño y el gozo que juntos creaban y juró mirando al cielo que todo saldría bien.

-          ¡No! Gritó ella.

Así, Miguel rasgó sus vestiduras y se escuchó un grito y un llanto como jamás se habían percibido en aquel horrendo lugar repleto de sufrimiento. A continuación, el joven hizo caso a su amada, le dio la espalda y con su corazón de cristal hecho trizas, su felicidad reducida a cenizas y un cuerpo aporreado atravesó un camino lleno de muerte y soledad, dirigiéndose a la cima de la montaña donde alguna vez los dos se juraron amor eterno. La desilusión lo colmaba, se sentó y esperó a su diosa pacientemente. Sin embargo, después de más de medio siglo ella no ha vuelto. La lluvia nunca amainó y Miguel nunca supo cuál fue su error.

domingo, 13 de abril de 2014

Origo et Femina



Elohim viajaba a través de las autopistas siderales buscando una respuesta. Durante eones sus incontables y magnificas alas se llenaron de flujo vital y fueron agitadas en busca de la perfección. Antes de la separación de las expansiones, en tiempo primitivo donde ni la noche ni el día podían ser hallados, Elohim decidió callar sus pensamientos y detener su búsqueda. Se sentó en una de las galaxias cobijadas por los fríos fulgores de la constelación Coma Berenice y durante miles de siglos escuchó.

Cuando la melodía de las estrellas, planetas, nubes de gas y polvo cósmico terminó, cuando el compás de la gravitación que une todos estos seres concluyó en la imaginación del Altísimo, su ser reposo y La Bella Durmiente fue testigo de la llegada de la Musa.

Dijo Elohim:
-          
      - Venid ahora todos vosotros sea cual sea vuestro título: dios, ángel, ser viviente, alma arcana, doncella cósmica, espíritu primitivo. Forjemos pues a partir de nuestro aliento y de nuestras más hermosas ideas a la diosa de nuestra esperanza, ser jamás visto, flamante para el criterio de cualquier espectador. Creemos la perfección y en ella vinculo irrompible que la una a lo imperfecto pues no puede existir cisma absoluto entre estos espíritus que ciertamente deben estar juntos. Sea así su unión como la expansión inacabable.

Así pues la diosa de la esperanza, también representación de la perfección hallada por mentes celestiales, nació y viajó durante tiempos desconocidos. Ella recorrió mucho para llegar aquí.

Mi nombre es Miguel “El Imperfecto” y la Perfecta Esperanza ya está conmigo, gracias a que en un momento todas las potencias del cosmos se detuvieron y pensaron en ella, la imaginaron, la crearon. No quiero que su viaje continúe sin mí.

viernes, 14 de marzo de 2014

El periplo de Enoc



Transpuestos a través de los fulminantes destellos del amor infinito, enviados hacía lo más remoto de la constelación de la serpiente. Hallados en el objeto de Hoag, en su galaxia anular. Cubiertos por supernovas y eléctricos fulgores que rozan los viajantes del ébano firmamento. Miremos arriba y no adelante pues nuestros rumbos son siderales mas no terrenales.

Los dioses han hecho presencia ante nosotros con retadores ojos de magma, espadas de plasma y tridentes astrales. Exhiben sus prodigios y comprendo que han venido por ti. No es menester separarme de tu vera pues apenas recorro pequeña porción de tus jugosas montañas, esbeltos valles, veredas peligrosas y cuevas de deleite. Tu cosmos es a mi paladar objeto traslucido y dulce, sigue vertiendo dentro de mi copa ya que ella y mi vientre no tienen límite.

Las deidades se acercan a nosotros, como hienas hambrientas de resarcimiento. No soporto pensar en su maldad. Paradoja carnal e incomprensible a mi razón son sus deseos, ahora sus narices tocan la mía, entonces yo solo presiono mis dedos y palma posándolos sobre tu mano para estar seguro mientras advierto tu beldad con mis fanales. Aparición frente a mis ojos que iluminada por el radiante rayo del astro mayor llega a mis lumbreras deleitándome con reflejos irreales de un ser que me ha escogido, que me ha encontrado. Ella reconstruye mi corazón, lo transforma ¡Oh todos los dioses! ¿Qué habéis hecho para perder de vista a tan hermosa diosa? ¿Por qué se os ha escapado de la bóveda celeste? Os prometo que jamás volverá con vosotros inmortales pedantes, pues mía es y estoy presto a la lucha. Si la queréis, venid pues y luchad contra un mortal lleno de pasión y amor por aquella que le ha mostrado lo mejor de este periplo.

Tejidos en la red eterna de nuestros procederes, transportados por túneles de arco iris rumbo a los lagos cósmicos del afecto habitamos la morada de los vigilantes caídos presenciados por Enoc. Mi ayuda idónea me socorre mientras yo abro paso con espada inmune y persistente para que puedan avanzar nuestros ilusionados pies, nuestras mágicas alas.

jueves, 13 de marzo de 2014

Speranţă


Ave Fénix (Phoenos inmortalis)





Después de una cruenta batalla, el verano había vencido al invierno. Al fin las grisáceas tribulaciones y el frio recuerdo de las diosas nórdicas fallecidas en tierras lejanas habían sido vencidos por aquel majestuoso calor.

Pasada la muerte del rey Uzias VI, Melek Taus volvió a Miguel en visión de sueños y le mostró el camino que conduce al oasis de Erleichterung en donde los mortales, decía la leyenda, encontraban su destino. Este sendero no mostraba al andante un horizonte claro pues la potente arena y el fuerte viento adornaban el firmamento con doradas ráfagas e inciertos sentimientos nacidos en el corazón del demonio del desierto llamado Ghoul “El Grande” Hermoso pero incierto paisaje deleitaba a Mijaíl “El Resucitado”.

El cansancio atacó al joven y le obligó a reposar en Erleichterung. Fuentes de agua fresca brotaban de las rocas de una manera incomprensible dada la ubicación desértica del oasis, hermosas y femeninas palmas adornaban con dulce sombra los nacimientos del líquido vital. Sin embargo no había indicios del paso de algún caminante o ser por aquellas tierras olvidadas o tal vez vírgenes.

Mijaíl desarmó su esbelta figura de los efectos típicos del caminante de largas y pesadas sendas. A continuación, saco su pipa de madera, deposito las yerbas y especias restantes de su pequeña bolsa de tela, fumó cinco bocanadas grandes y se dispuso a cerrar los ojos, postrarse junto al agua y refrescar sus pies y alma. Súbitamente, sintió que no estaba solo y experimento temor, sensación ya casi ajena a su espíritu. Propuso a su demonio del miedo no mirar alrededor y esperar el momento indicado. Cuando la ocasión fue dada a sus antojos, cuando su espíritu de temor no resistió más y quiso materializar dando razón a su miedo, exploró. Sus ojos dibujaban los contornos suaves de la fauna del lugar, pintaban los hermosos colores sobre el infinito lienzo de partículas pero su juicio no imaginaba persona alguna. Dialogó un poco más con su amigo el temeroso y concluyeron que en realidad no estaban solos, los acompañaban toda clase de pequeños y hasta microscópicos seres no antropomorfos. El hombre ve todo a partir de sí mismo y casi en la totalidad de los casos es una visión pancista, solo él existe y ese es el verdadero gran Yo Soy ¿En realidad estamos solos cuando decimos estarlo?

Cibeles, diosa de la madre tierra conoció pues la cosmovisión del joven caminante y mandó uno de los cuatro seres vivientes para que él no se sintiera solo. El humano puede razonar mucho, no obstante su naturaleza es innegable y “no es bueno que el hombre esté solo”

Pasadas seis horas, seis minutos y seis segundos Mijaíl pudo adivinar una figura en la lejanía y que a su vez se acercaba conforme pasaban los segundos. Sin embargo, se encontraba tan lejos que no se podía distinguir su naturaleza. Al parecer era un ave pues se le podía observar surcando el firmamento, encima del impreciso horizonte que se aparecía como un gas ascendente. El muchacho deseaba con inmensa ansiedad el momento del encuentro, su alma sentía que aquella aparición era un presente para él, que desde tiempos arcanos aguardaba con paciencia y que ya estaba ad portas de suceder. ¡Que desasosiego tan exorbitante crecía en su interior! Aquel encuentro sería de antología.

Mijaíl despertó de un microsueño, bastante exaltado y pensando que aquel hermoso momento que su mente esperaba no volvería jamás. No obstante, alzó sus ojos y he aquí un majestuoso ser alado. Batiendo sus alas de manera sublime, ostentaba hermosos rojos fuego, azules cristalinos, purpuras misteriosos y colores dorados resplandecientes de magia.

Mijaíl se pronunció:
-        -   ¡Creatura en llamas! ¿Quién soy yo para merecer tal privilegio? No creo aun lo que mis sentidos brindan a mis entrañas a partir de tan magnánima proyección de luz.
 ¿Qué te ha traído a estos terrenos de poca esperanza? ¡Oh Phoenos inmortalis!
¿No son tus dominios aquellas tierras de Faraón y las llanuras gigantescas de Oriente medio?
¡Revélate ya! Pues ahora sé que no eres quien muestras ser, dentro de ti yace aquel espíritu de hermosas contexturas ¡Desnuda pues esas facciones de esperanza y dame de ese halito de amor!

A continuación, un torbellino formado por ráfagas de viento y dorada arena, cual humano no vio jamás, envolvió al Fénix y lo hizo bajar a tierra. De esta manera se descubría una mujer de belleza inconmensurable, ataviada con hermosos cabellos negros, piel blanca como el lucero de la mañana y hermosas curvas que contrastaban con aquel paisaje desértico. Esas proporciones hacían percibir lo demás como un lugar de características groseras. Nunca un ser tan hermoso había puesto sus pies sobre el planeta Tierra.

Cuando Mijaíl vio sus ojos color café hechicero, aquellos que desbordaban pasión, sintió vértigo y no pronunció palabra alguna. La mujer entregó tres objetos al joven: una cornucopia, una Aquilegia Caerulea y una cinta que lucía la frase “Spes Ultima Dea”

El resucitado tomó los presentes y escucho las palabras de quien los entregaba:
-          
      - Soy Spes, desde la fundación de este universo fui creada para este momento sublime. Luché como fiera para escapar de la caja de Pandora y venir a tu encuentro, pues presta estoy para ser tuya. Me entrego a ti destino mío, la hora es ya y ahora es cuando nuestras almas se inundarán del polvo estelar que nos mueve y nos impulsa a vivir ¡Amado mortal! Desde eones te he buscado y ya te encontré. Toma mi mano, no la sueltes y camina conmigo porque yo no te dejaré caer.

Mijaíl tomó fuertemente la mano de la fémina, sin saber que ella dejaba su inmortalidad al volverse uno con él. Él la miró fijamente, la tomó en sus brazos, imprimió un gran beso en aquella radiante boca y le dijo:
-         
             - Inmaculada mía, no temo a la mortalidad pues ya he conocido al ángel de la muerte. El aguijón de este espíritu oscuro no logró vencerme porque resucité y hoy puedo decir que es un hermoso día para vivir y tomar tu mano.


Caminaron juntos y se perdieron en el cálido y claro horizonte. El cielo azul cuenta que jamás se les volvió a ver.

sábado, 1 de febrero de 2014

El génesis de la muerte

Melek Taus

La llanura de la Necrópolis de Gul había quedado atrás y nuestras extenuadas bestias decidieron detenerse pues una de ellas cargaba el peso de un hombre de más. Habíamos encontrado a un hermoso joven tirado al lado del camino y a quien mi compasión salvó de la muerte a causa de la deshidratación y el hambre. Aquel muchacho llevaba el sufrimiento de los corazones perdidos y su triste rostro contrastaba con el hermoso Desierto de los pesares, lugar de altas y doradas dunas a quienes el sol bañaba todos los días del año.

Dos horas después de habernos detenido, ya habíamos servido y consumido las viandas y saciado nuestras necesidades, pero aquel mozo a pesar de sonreír al escuchar nuestras anécdotas de gente nómada y las aventuras de quien no tiene techo, exudaba la tristeza ya mencionada. Un momento de silencio reflexivo fue interrumpido por Mijaíl, quien me demandó la ubicación de la cueva escondida de Melek Taus sin darse cuenta que estaba detrás de él. Al saberlo, pronunció palabras de agradecimiento, un adiós que hasta el día de hoy no se ha convertido en salutación y nos dio la espalda para adentrarse en aquella cueva atípica para un desierto como en el que nos hallábamos.

Les di la espalda a aquellos hombres Tuareg. Introduje mi ser en aquella oscura y extraña cueva aun sin entender porque una guarida de ese tipo se hallaba en un desierto. Se podía distinguir el olor a orín y estiércol de bestia pero también mi olfato percibía la fragancia de violetas en un campo verde después del roció de la mañana. El oscuro lugar ofrecía una luz al final de aquel camino repleto de huesos de animal y ratas que retozaban en medio de su propia inmundicia.

Llegué a la luz de esperanza y accedí a lo que parecía un cuarto lleno de dorada luz y en cuyo centro se encontraba lo que se asemejaba a una peana con la inscripción “Yo soy el que soy” Al leer aquel epígrafe mis entrañas se contrajeron y me sentí con nauseas pues aquel momento se parecía mucho a mis ensueños y el conocimiento de que era la realidad de los mortales la que me ofrecía aquella escena me enfermaba. Súbitamente, la estatua de una mujer de hermoso cuerpo apareció ante mí y sobre la peana. Era Abrahel, forma femenina que encarnaba todos mis deseos, mi más grande miedo y el incalculable amor que viaja durante eones rozando cuerpos celestes y palpando sirenas mudas. Mi amada dejó de ser estatua para mirarme a los ojos y pronunciar mi nombre, en sus manos que se extendían juntas hacia mí apareció un corazón latiendo muy lento y me fue ofrecido.
Así hablo Abrahel:

-                                 He aquí tu famélico corazón. Dale de comer pues está llamando a las puertas de Azrael.
La mirada de mi idolatrada era distinta, no había amor en sus ojos y sus palabras producían vibraciones y ondas que llegaban a mi ser de manera insípida. Aquella indiferencia en su ser era la cama de clavos que le esperaba a mi caída. El dolor fue tan robusto y penetrante que extraviaron del mar de mi mente la idea de que allí encontraría a Melek Taus y que podría olvidar a Abrahel.
Así hablé a Abrahel:

-          Virgen desconocida bajando de entre las nubes. Anhelo que tomes mis manos, pues es lo único visible en medio de todo este lodo que me absorbe. Tira fuerte ya que yo mismo deseo aferrarme a este estiércol. Ten piedad, ten misericordia. ¿Por qué mis ojos aun te ven si sé que ya no estás? Presencia inútil que ansían mis entrañas, que invade mi sinapsis y que no me deja caminar con paso firme ¿Cuándo será que tu imagen de ídolo se irá de ese altar de esmeraldas? Pues ojos tienes pero no me ves, manos posees pero no me tocas y pies te sostienen pero no te acercas. Ahora pues toma mis rezos y ofrendas para que tal vez puedas seguir adelante porque difícil cosa para mi es.

Hoy me das la parte de mí que extravié aquella noche triste. Me entregas un corazón vacante, despejado. En mi herida profunda y abierta, introduces tu dedo contaminado, me lastimas, me infectas, me enfermas. Sigo entonces con pesado paso mi caminar, tambien con el dolor punzante pensando en un mejor porvenir. El futuro lo pienso, sin verlo, pero sé que allí estará cuando al otro lado del camino la herida haya sanado y estando ahí me recibirá un regazo donde por fin podré dormir y recordar con amor tus afectos y tu sonrisa de primaveras fugaces.

Mis ojos empapados vieron que la aparición de mi amada ya no estaba y en lugar de ella yacía Melek Taus sentado en su trono hecho de las lágrimas que lloró durante miles de años.

Así habló Melek Taus:

-          Mijaíl, hijo mío. Finalmente comprendiste que tu amada, aquella piedra angular de tus edificaciones oníricas, no debía ser olvidada y que el exilio que algún día decidiste emprender debía ser la fuente de tu libertad y no de ese dolor que hoy con gran valor has vencido. Enfrentaste la causa de tus más grandes afectos. Por todo esto y por tu gran coraje puedes seguir en paz tu camino. Ahora vete necesito dormir.

Así lo hice, continué con mi andar y pensé:


-          Abrahel, matarte fue difícil. Ahora has vuelto a la vida transfigurada y sigues siendo razón de mi sonreír. Mis pasos me llevarán a nuevos caminos que recorreré sabiendo que hiciste parte de mí, que mi rio entró en tu mar y que me amaste en gran manera. Hoy es un gran día para morir.

lunes, 27 de enero de 2014

Los cadáveres de los colibríes

Liset tar oss, Burzum.


¿Por qué mis fanales nunca han vislumbrado el cadáver de un colibrí?
G.A. Maglioni. Pensamientos, 2013.

Recuerdo que cuando mi pensamiento me llevaba a la laguna multicolor de mis adentros, mi mente me contaba los secretos de aquel firmamento olvidado por los amados del dios sin nombre. Yo, antigua animadversión hecha carne, descubrí la desnudez de los hijos de Elohim y advertí que mi sabiduría era insignificante. Aprendí la erudición encadenada al uso del cosmos y bebí del arco iris que caía de la luna. Sus gotas eran dulces a mi paladar, empero amargas a mi vientre. Ellas quitaron el velo de mis fanales y comprendí la vileza y la magnanimidad que habitaban mi corazón.

Hecho esto, corrí hacia ti, te encontré. Habitabas las cavernas del averno, primoroso calor mefistofélico te abrigaba. Te supliqué, te lloré pero tus ojos cerrados y cocidos por hilos de acero me desdeñaron, tus oídos colmados de silencio me desecharon. En la consumación, tus fauces esputaron maldad sobre mi ser. Con odio e indiferencia me has sentido.

Salí de tu morada lamentando en gran manera el día en que emergí de Gea. Salí al encuentro del docto Angra Mainyu y le clamé así:
-        
         -  ¡Oh hontanar de la maldad, acuérdate de mí en el día de mi aflicción! Imploro que recuerdes mis tristezas pues servidor tuyo soy. Olvida la muerte de Ahura Mazda, pues el Altísimo profirió ordenanzas sobre el precio de su existencia. Ayúdame pues a encontrar el antídoto para este padecimiento y ofrenda perenne a ti daré.

Aquel demonio, sabio y mentiroso puso su mirada sobre mí y con sonrisa de pureza, respondió:
-          
     -Vosotros los mortales ignoráis vuestro gran poder. Al verte a ti veo la mirada, el poder y la bondad de El-Shaddai, pues ¿no somos todos uno y uno es todo?

-        --  Yo soy el que soy, respondí.

Angra Mainyu continúo:
-          
      -Ciertamente, pero tus limites han sido definidos de manera codiciosa. Solo has visto tu reflejo en el pequeño lago de tu ser y aunque es cristalino, al beberlo es también veneno para tu alma. No olvides ver lo grande en lo pequeño. Recuerda que estas en todo, tu eres el omnipresente y habitas moradas sin fin, nadando en mareas cósmicas que besan y lamen las costas estelares. Entonces ¿Por qué has de sufrir por lo acontecido en las cavernas habitadas por Apolión? Los cadáveres son todos iguales, existen y no están, como aquella pequeña partícula en medio del polvo estelar, la puedes ver pero no sabes realmente en donde está. Tus sentidos alteran la realidad o es que ¿has visto alguna vez el cadáver de un colibrí? O ¿has llorado la muerte de un insecto?

      Lloré la verdad y comprendí los sigilos que me fueron confiados. Y desde aquel día comprendí que algunos cadáveres son tan solo más evidentes.

jueves, 9 de enero de 2014

Del alfarero y el forastero

Del alfarero y el forastero



Camino a su ventura, Miguel se halló en la llanura llamada “Necrópolis de Gul”. Se encontraba fatigado en gran manera por el camino recorrido y por el extenuante y refulgente astro dador de vida, por lo tanto tomó sus cosas y las situó a la vera de un par de grandes piedras que aparecían próximas al camino del joven andante. Decidió estirarse un poco, escupir las yerbas para el cansancio que constantemente mascaba y posteriormente sentarse junto a sus efectos.
Pasados treinta y tres minutos, Miguel sintió en su corazón cantar. Cantó a las pocas aves que lograba divisar en el ancho firmamento y a los reptiles sagrados que llegaban en ocasiones ante él buscando algún indicio de alimento. Así cantaba Miguel:

“¡Bestias, hermanos, camaradas! Venid ante mí pues el día ha llegado.
El día en que  la sombra estará de nuestro lado”

Por supuesto que el muchacho ni siquiera comprendía el verdadero significado de sus palabras pronunciadas mientras su garganta ardía a causa de la sequedad. Su ser le rogaba agua y alimento, sentía puntillas en su cabeza y dolor en las extremidades. Miguel sintió ya la deshidratación tan severa provocada por el periplo en el que se encontraba y cayó dormido junto a sus cosas y aquellas piedras que estaban siendo testigos de la entrada de aquel ser humano a punto de morir al mundo de las proyecciones. Aquel mundo donde los anhelos no tienen simetría, mundo anfitrión de apetencias fuera de proporción.
Los parpados del joven quitaron toda cortina y constato que se hallaba en el más hermoso bosque, un lugar nunca antes visto. Toda clase de verdes y amarillos  aparecían ante sus ojos pues se acercaba el otoño en aquel lugar, pájaros multicolores entonando canticos a las entidades ancianas llegaban a manera de imágenes dentro de sus oídos. A continuación, se topó con  un tronco, tal vez de un árbol caído, cuya corteza poseía un aspecto rugoso y que al soñador le fue similar a una figura antropomorfa durmiendo empero sin importancia para él. Sin embargo, después de desatender lo antes visto se dio cuenta de que era su padre, que ya había terminado su descanso y ahora se encontraba frente a él. Aunque carecía de cejas, lo veía como lo recordaba en su corazón.

El padre dijo:
-          Mi nombre es Lesovik. Desearía formularte una pregunta cuya respuesta es seductora de mi espíritu.

Miguel respondió:
-          Pregunta protector del bosque, fauno de la foresta, maldito entre mis sueños.

Lesovik preguntó:
-          ¿Cuál es la causa de que tu alma brille tan poco? Tu fulgor ha menguado y tu semblante ha decaído. Impetro pues, mi ser pueda escuchar tu respuesta.
El soñador no respondió pero pensaba en todo el dolor que corría por sus venas mientras sus ojos dejaban caer unas cuantas lágrimas en honor de su ángel.

Segundos después, el protector de la foresta dijo:
-          Habiendo escuchado la respuesta que mi ser anhelaba procederé a contarte el relato del alfarero y el forastero.

Lesovik con sus blancas manos mostró a Miguel un buen tronco para sentarse los dos y compartir la historia.

Estando sentados sobre lo provisto por el espíritu antiguo del bosque, la historia se empezó a oír proveniente de su boca:
-          
      - Un día, un alfarero de gran técnica e ingenio, recibió a un forastero proveniente de tierras muy lejanas y cuyo lugar para pernoctar era incierto. El artista le dio comida, cama y amor al forastero. El forastero y el alfarero obtuvieron tanto amor que la noche de aquel viajero duró aproximadamente cinco años.

Los días eran cortos y las horas breves. El idilio florecía y engordaba como el lechón que se apresta a morir. Las vasijas y demás artesanías del alfarero mejoraban de manera proporcional al amor que los dos hombres se tenían. No obstante, llegó el día en que el forastero debía continuar su ruta. La despedida fue laboriosa y antes de partir el viajero le dejó al alfarero un libro en blanco, besó sus labios, lo abrazó y partió sin derramar lágrima alguna.

La aflicción del alfarero inundó tanto su rostro como su vida entera. Su arte, es decir sus creaciones, carecía de estética y se sintió frustrado, por ende concluyó que era mejor la muerte. Pero cierto día, recordó el libro en blanco que el andante de mil caminos le obsequio al partir. Las manchas de la humedad habían descubierto una especie de tinta invisible en la portada del libro que decía: “ESCRIBE” Por lo tanto el alfarero resolvió en su corazón plasmar en aquellas endebles páginas sus pasiones idas y presentes.

Dirigiendo su mirada hacia la gran bóveda celeste, Lesovik interrumpió la historia para decirle a Miguel:

-          ¿Sabes Miguel? Dicen que Franz A. Töpfer es el mejor escritor de toda la historia de las Tierras Frías Orientales. Su evolución fue satisfactoria.


Los parpados de Miguel quitaron toda cortina e hincado en frente suyo yacía un hombre con ropas del pueblo nómada de los Tuareg, llenando su boca del líquido vital, lubricando su garganta y diciéndole de manera repetitiva: ahmehl

NOTA: AHMEHL ES ESPERANZA EN ÁRABE.

viernes, 3 de enero de 2014

Razones del exilio



Tiempo antes de partir, en un día silencioso y soleado como todos los demás, Miguel comprendió lo que en realidad sentía por su amada. Aquella revelación inmaculada llegó a su corazón después de un ensueño placentero y lleno de alegrías enigmáticas.
Al entender sus sentimientos y todo lo que ellos encerraban, decidió salir en la noche fría, correr y decirle todo a aquella mónada que de alguna manera llenaba el espacio tan grande que había en sus entretelas.
Sudoroso, cansado y sin aliento logró arribar a la morada de su ángel precioso, llamó a la puerta con inmensa emoción y dispuesto a todo. Su amada salió a su encuentro sin pronunciar saludo alguno. Miguel extendió sus manos cerradas la una con la otra y con ademan de ofrenda las abrió lentamente y dijo:
-      
           -  He aquí mi corazón. Ahora entiendo porque te amo tanto, descifré el tesoro más grande que tengo y es ese amor que me das y el que has creado en mí.

Acto seguido, el joven le pidió a su musa que tomara lo que sus manos sostenían, pues aquel regalo precioso llamado alma le pertenecía a ella por el resto de sus días. Sin embargo, aquella dama en diáfano vestido, de hermosa piel y con lágrimas en sus ojos le respondió:
-          
      - Hoy no sé si te amo. Tu corazón no es suficiente para mí, guárdalo para alguien más que no lo necesito…

Y cerrando la puerta con profunda tribulación añadió:
-         
     - Adiós Miguel, sigue tu camino hombre de mil sueños e infinitas derrotas. Tal vez, solo tal vez, algún día nuestras almas volverán a encontrarse en sueños de seda en medio del crepúsculo invernal.

Aquella noche gélida fue la más triste del año 455 de la era del rey Uzías VI y actualmente el corazón de Miguel yace roto, sucio y podrido en el desierto de los Pesares. Él no recuerda donde quedó y espera que su ángel u otra doncella encuentren su alma y la reparen.