martes, 19 de agosto de 2014

For her (para ella)


Para ti mi amada, mi amiga, mi compañera, mi confidente, mi aliada, mi cómplice...y lo más importante mi mujer, la mujer de mi vida.

El arcángel Mijail, cuyo nombre significa “¿Quién como Dios?”, realizaba un gran periplo por los rincones más lejanos en donde habitan los seres vivientes jamás vistos por los ojos de un mortal. Este era uno de esos viajes de rutina en los que Mijail aprendía y comprendía secretos inimaginables, epifanías traslucidas que llenaban su interior de sabiduría que en pocas ocasiones los mortales lograban comprender. Ahora el arcángel era mortal, sin embargo sus habilidades le acompañaban hasta el día en que falleciera.
Regresó Miguel a la tierra a ver su amada Spes, anhelaba tanto su calor y sus fragancias tan penetrantes, esas caricias que arrebataron su virginidad angelical y todos los sonidos articulados por aquel ser que le hizo sentir tantas inexplicables sensaciones en sus entrañas. Al llegar a sus aposentos la ausencia de la fémina llenaba aquel lugar. Su corazón se angustio y salió a buscarla.
Su corazón le llevó a un lugar tan oscuro como el ébano, sitio de grandes y violentas batallas, la tristeza era la reina del lugar y el dolor su compañero de trono. En el centro de aquel lugar de penumbras, similar a un desierto negro, se hallaba un abismo infinito llamado “El abismo de die Verzweiflung” Al acercarse a tan tenebroso sitio él pudo sentir el dolor en su corazón y las lágrimas comenzaron a brotar de sus fanales. ¡Qué difícil era entrar ahí para él! El reino de los cielos, el trono de Elohim y el jardín del Edén eran tan distintos a aquel nefasto lugar. Su corazón no comprendía lo que veía ni lo que su alma percibía, era un total ignorante. Avanzó entonces en medio de la penumbra para llegar al límite del suelo y el abismo, su pie derecho sintió el último tramo de suelo firme y entonces se detuvo y se inclinó hacia adelante para divisar el profundo vacío que se dibujaba dentro del hoyo sin fin. Segundos después sintió el aroma de su mujer y fue allí cuando logro ver a una hermosa Spes atrapada en medio de la oscuridad. El dolor, la angustia y la desesperación se proyectaban a través de su rostro, lo cual fue frustrante para el joven varón. No obstante, aun sin saber cómo la sacaría de aquella prisión dijo:
-          No desfallezcas, he aquí he venido a sacarte de este suplicio.
Ella respondió:
-          No sabes el dolor que me causa estar aquí, ni todos los astros visitados por tu espíritu te han podido enseñar este sufrimiento. Apúrate o moriré.
Miguel sabía que sus habilidades angelicales eran limitadas en el planeta azul pero su decisión fue tal, que se lanzó al abismo sin importar nada excepto la vida de su amada. A su corazón, su propia vida al lado de la de su mujer no valía nada pues su vida era que ella estuviera bien. Cayendo en el precipicio pensó:
-          Aquí voy, si he de morir hoy que sea para darte la vida. Espero que mi patética vida sea un sacrificio suficiente para redimirla y salvar tu preciosa alma. Te amo, amor de mis días.
Al estar cerca de ella, Miguel alcanzó a tomar de manera violenta el delicado y hermoso pie derecho de Spes. Inmediatamente, comenzaron a flotar con dirección al firmamento. Las cadenas que aprisionaban a la preciosa mujer se rompieron, Miguel trepó el cuerpo de la fémina para quedar a su altura mientras los dos ascendían. La miró a los ojos, lleno de esperanza y amor por ella, jamás había sido tan feliz como en aquel instante. ¡Oh que hermosos eran sus ojos! Aquellos ojos cafés llenos de un brillo indescriptible le llenaban su alma, le contaban secretos que ni el más grande de los dioses llego a decirle. Él sabía que donde ella estuviera ahí estaba su hogar.

Los dos sobrepasaron las oscuras nubes de aquel desierto tenebroso y llegaron a estar por encima de la oscuridad. Era un hermoso atardecer el que ahora sus ojos veían, las nubes repartidas por todo el firmamento y la ardiente luz del astro mayor describían un mundo surreal, parecido a los de los planetas visitados por Miguel, sin embargo jamás había sido tan hermoso pues ella estaba ahí. Miguel tomó una de las manos de Spes y con su mano derecha tomo el divino rostro de su amada y le dijo:
-          Ninguna tormenta por más grande que sea dura para siempre. He visto las más grandes en lugares del universo que no puedes ni imaginar y todas llegan siempre a un fin. Jamás estuve dentro de ellas pero algo te puedo asegurar: no fueron eternas, todas terminaron y la calma y la paz que dio a luz su fin siempre lleno mi corazón de alegría. Te amo mujer mía.


Era un hermoso día para ser feliz. Ese día los dos se unieron, se convirtieron en un solo ser y Miguel estaba más seguro de que su vida era PARA ELLA.

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