Cuando Miguel resolvía en su corazón hundirse en el mar del
olvido, dormía.
Al acercarse a aquel
lugar donde el mundo se transforma a voluntad, donde los límites son difusos y
los impulsos se agotan, el joven de hombros anchos y estatura baja solía mover
en cortos, pero fuertes movimientos “parkinsonianos” sus ojos, piernas y dedos
de las manos como si la energía gastada durante el tedioso día estuviese siendo
recargada a través de su cuerpo, azotado y herido por los afanes que son
comunes en el día de un arbeiter más. El soare alumbraba con tenues, aunque
penetrantes, rayos rojos, y durante toda su travesía por la región donde el
muchacho entregaba su vida y veía los segundos de su existencia desvanecerse,
el astro era testigo del sufrimiento que, junto con su luz, parecían oscurecerse bajo la sombra de la
reconfortante sensación que al joven le provocaba vivir en el mundo de sus
sueños.
En la oscuridad los gases que emergían de los terrenos secos
de aquella región, hacían impensable regocijarse bajo las luces dibujadas en el
firmamento. Por eso en ese momento, ya no existía vida y las siete paredes de
la whare de Miguel Cruz eran las únicas que
atestiguaban su sentir. Sin embargo, él era el único que podía escuchar su
corazón y de tanto en tanto le cantaba y le pedía consejos a su mente:
-¡Oh noche! ¿En donde habitan y se deleitan tus ojos? ¿Cuál
es la simetría de esas curvas y carnes que los soñadores desean acariciar?
¿Cuál es ese sexo que noche a noche recorro con mi lengua de fuego y penetro
con mi corazón salvaje? Han conspirado las ansias y el ardor contra mí y no han
podido arrancarme este momento solemne de adoración y sensualidad que empapa
mis poros. ¡Oh magnifica oscuridad! Abrígame con los brazos de las galaxias que
se expanden en tus entrañas podridas a causa de tu interminable soledad.
Pensando así y cuestionándose los procederes de los días
idos y los venideros, llegaba el momento tan esperado: sus ojos conocían a su
amada oscuridad y el universo de lo intangible aparecía ante él.
Tal vez se pensará que el joven Cruz hacía uso de aquel
proceso natural para huir de sus miedos y problemas. No. Él dormía y soñaba
para ser consciente de la existencia de su mente y la eternidad que su ser
escondía con tanto recelo. Lo que quería olvidar era esa persona que le
atormentaba día a día. Miguel era mudo.
arbeiter: trabajador
whare: casa
soare: sol
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