sábado, 23 de noviembre de 2013

Miguel y la Noche



Cuando Miguel resolvía en su corazón hundirse en el mar del olvido, dormía.
Al acercarse  a aquel lugar donde el mundo se transforma a voluntad, donde los límites son difusos y los impulsos se agotan, el joven de hombros anchos y estatura baja solía mover en cortos, pero fuertes movimientos “parkinsonianos” sus ojos, piernas y dedos de las manos como si la energía gastada durante el tedioso día estuviese siendo recargada a través de su cuerpo, azotado y herido por los afanes que son comunes en el día de un arbeiter más. El soare alumbraba con tenues, aunque penetrantes, rayos rojos, y durante toda su travesía por la región donde el muchacho entregaba su vida y veía los segundos de su existencia desvanecerse, el astro era testigo del sufrimiento que, junto con su luz, parecían  oscurecerse bajo la sombra de la reconfortante sensación que al joven le provocaba vivir en el mundo de sus sueños.

En la oscuridad los gases que emergían de los terrenos secos de aquella región, hacían impensable regocijarse bajo las luces dibujadas en el firmamento. Por eso en ese momento, ya no existía vida y las siete paredes de la whare de Miguel Cruz eran las únicas que atestiguaban su sentir. Sin embargo, él era el único que podía escuchar su corazón y de tanto en tanto le cantaba y le pedía consejos a su mente:

-¡Oh noche! ¿En donde habitan y se deleitan tus ojos? ¿Cuál es la simetría de esas curvas y carnes que los soñadores desean acariciar? ¿Cuál es ese sexo que noche a noche recorro con mi lengua de fuego y penetro con mi corazón salvaje? Han conspirado las ansias y el ardor contra mí y no han podido arrancarme este momento solemne de adoración y sensualidad que empapa mis poros. ¡Oh magnifica oscuridad! Abrígame con los brazos de las galaxias que se expanden en tus entrañas podridas a causa de tu interminable soledad.

Pensando así y cuestionándose los procederes de los días idos y los venideros, llegaba el momento tan esperado: sus ojos conocían a su amada oscuridad y el universo de lo intangible aparecía ante él.


Tal vez se pensará que el joven Cruz hacía uso de aquel proceso natural para huir de sus miedos y problemas. No. Él dormía y soñaba para ser consciente de la existencia de su mente y la eternidad que su ser escondía con tanto recelo. Lo que quería olvidar era esa persona que le atormentaba día a día. Miguel era mudo. 

arbeiter: trabajador
whare: casa
soare: sol

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