I
Rompiste los grilletes y volviste tu rostro a mí. La espera fue un presente inesperado. Hoy puedo inteligir lo ininteligible, saborear los sonidos de tu presencia, ver tu alma vibrar al imponer mis manos sobre tu entendimiento, lamer y degustar tu espíritu, devolvernos en un frenesí púrpura ¡Oh mujer de espíritu y fuerza de tigre! ¿Qué he hecho para merecer estos honores celestiales? Pues tu regazo es fuente de vida, los sonidos de tu ser melodía que embriaga y tu aroma narcótico que alivia. No sea yo un necio que permite que los laberintos sombríos hagan extraviar nuestras razones. Enterremos entonces, a la mañana siguiente, aquellos occisos que encontramos y profanamos con un luchar de voces cuya morada se encuentra en las cimas más lejanas. Bajemos sin prisa y si lo deseas, enseñame a dar pasos firmes sobre el lodo movedizo de la desesperación y las ansias que nacen la ausencia. Desgarrame, quiebra cada hueso, has renacer mis células y reconstruye los tejidos, bautizame pues soy nueva criatura. Quiero gritar mi renacer.
II
Nazco de nuevo, tu música transforma mis colores, las formas baten sus alas a tu alrededor, puedo ver las estrellas viajando a velocidades inconmensurables a través de tu rostro. Tu sonrisa puede contarme relatos que sólo mis oídos logran escuchar, entonces decido comparar la forma en que el viento acaricia y excita las figuras femeninas de los arboles con tu sola presencia, me maravilló y mi mente se nubla. No sé que decir. Te invito a pasar y pruebas los manjares asimétricos que pululan en los campos nocturnos. Terrenos vírgenes eran a nuestras ventanas pero hoy las páginas de tu libro he comenzado a recorrer, la historia se desarrolla y nos podemos leer. Asentiste a mi insinuación y así parimos la perfección.
III
Yacen los amantes sobre el prado de Eros pero el no fue invitado o tal vez no le fue posible acercarse a nuestra verá. Tomamos el barco con destino a terrenos fértiles inundados por la magra psicodelia. El ojo que viste, nunca dejó caer su párpado. Descubriste misterios, ellos te fueron revelados y diste la talla. Nos unimos, nos fusionamos de forma etérea, por lo tanto la frontera que nos define y diferencia es diáfana y nuestras almas cristalizadas duermen en un capullo que tal vez algún día eclosione y llame a este mundo al ser cuyas alas batirá con el bombeo de tu sangre y la mía. Ya no veo ningún cadáver, todos los enterramos juntos. Ahora mis ojos están en ti, son tus ojos. Mi otro yo.
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